
Libélulas que van desde las venas anidando un ocaso de miradas perdidas , que se desprenden de la piel en trazos de un óleo inconcluso , en manos marchitas que pintan los símbolos , como si se tratara de un ritual vernos sin carne en el ojo , repleto de agujas que saben a somnolencia incolora, cercanas al amanecer de desnudos que preguntan por viajeros que deambulan por los pasillos , confusos y retraídos , vestidos en sombras, incapaces de vernos en este cuartucho alargado hacia el techo.